Periodismo y literatura de la mano

Una de las viejas rencillas intelectuales está relacionada con el valor literario que algunos le atribuyen al periodismo. Muchos grandes escritores confiesan que los cimientos de su carrera literaria tienen su base en el ejercicio periodístico.

Pero son dos cosas diferentes, por un lado están los escritores que hicieron o hacen periodismo y por otro están los periodistas que en su manera de escribir muestran rasgos literarios.

En Estados Unidos surgió una corriente denominada Nuevo Periodismo, en la cual se inscribieron los redactores que le daban un vuelo literario a sus textos.

Existe un libro titulado El Nuevo Periodismo, en el cual su autor Tom Wolfe, comenta y analiza este fenómeno que se desató en los años cincuenta. Además de hacer una radiografía de la situación de la época, marcada por la posguerra, Wolfe compila una serie de trabajos periodísticos que ilustran esta manera de narrar y que se convirtió en un referente para los profesionales de la prensa.

Destaca en este libro una entrevista a Ava Gardner, cuya introducción es digna de iniciar cualquier novela:

“Ella está ahí, de pie, sin ayuda de filtros contra una habitación que se derrite bajo el calor de sofás anaranjados, paredes color lavanda y sillas de estrella de cine a rayas crema y menta, perdida en medio de este hotel de cupidos y cúpulas, con tantos dorados como un pastel de cumpleaños, que se llama Regency. No hay guión, ni un Minnelli que ajuste los objetivos del CinemaScope. La lluvia helada golpea las ventanas y acribilla Park Avenue mientras Ava Gardner anda majestuosamente en su rosada jaula leche-malta cual elegante leopardo. Lleva un suéter azul de cachemir de cuello alto, arremangado hasta sus codos de Ava, y una minifalda de tartán y enormes gafas de montura negra y está gloriosa, divinamente descalza”.

¿Delicioso, verdad?

Pero no fueron los estadounidenses los únicos en sobresalir en esta manera de hacer (aunque no se puede dejar de mencionar al gran Truman Capote y su A sangre fría), sino que también en América Latina se dieron excelentes muestras de lo que puede hacer un periodista con el estilo.

Se pueden mencionar aquí a Rodolfo Walsh y su memorable Operación masacre y a Gabriel García Márquez y su Noticia de un secuestro.

El idioma es muy rico y no es privativo de la literatura, el buen periodismo no tiene nada que envidiarle a esta.

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