Los libros y las ciudades

Una de las cosas que me gustan de los libros es que me hacen visitar otros sitios. Hace poco un amigo me recomendó la trilogía de La forja de un rebelde, de Arturo Barea, para que conociera el Madrid de décadas atrás. Y la verdad es que sentí que caminaba por aquellas calles, respiraba sus olores y hasta me daba un poco de susto ser asaltado. Viví cada experiencia junto a los protagonistas de la historia.

La literatura me acerca más a las ciudades que el cine. Aunque el séptimo arte se precie de ofrecernos las imágenes en movimiento, yo prefiero dejarme llevar por los mundos del autor y dejar un margen para la imaginación. Porque la literatura es una puerta abierta a un universo que depende mucho de nuestra creatividad.

No todos los escritores son iguales. Algunos usan una prosa demasiado simple. Pero hay otros que se detienen en cada detalle de una ciudad a la hora de describirla que no necesita consultar un libro de arquitectura ni recibir una lección de sociología para entender una sociedad en un contexto dado.

Gracias a la literatura he visitado La Habana, Nueva York, el DF mexicano y muchas grandes ciudades a las que no he podido trasladarme físicamente.

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