La literatura fantástica.

La literatura fantástica no es invención de nuestro siglo. Sin embargo, por ser un género que se ha adoptado últimamente con vigor polémico, presentándolo como superación del fatigado realismo, parece más nuestro.

Pero Borges tiene razón cuando señala que toda ficción, que toda literatura fue en principio fantástica, y que el realismo es creación del siglo pasado. Y aunque no se comparta totalmente su afirmación de la decadencia del realismo, especialmente en la novela, no puede dejarse de advertir que durante todo este siglo se ha intentado trascender, con mil astucias, su óptica.

Al examinar la literatura fantástica aparecen cuatro grandes procedimientos que se presentan desde los primeros tiempos y que permiten al creador destruir no sólo el realismo de la ficción sino la misma realidad. Ellos son: la obra de arte dentro de la misma obra; la contaminación de la realidad por el sueño; el viaje en el tiempo; el doble.

El procedimiento de la obra dentro de la obra está ya en el Quijote, está también en Hamlet. En la Eneida el héroe troyano contempla en Cartago unas pinturas en las que se muestra la destrucción de Troya, de la que acaba de escapar, y se reconoce mezclado entre los príncipes aqueos. Y antes, en la Ilíada, Helena borda un doble manto de púrpura cuyo tema es el mismo del poema: el combate de troyanos y aqueos por la posesión de Helena.

En estos ejemplos puede advertirse que la misma obra literaria postula la realidad de su ficción al introducirse en el mundo que sus personajes habitan.

El procedimiento de introducir imágenes del sueño que alteran la realidad ha sido explotado por el folklore de todos los pueblos; por ejemplo, en The Time Machine de H. G. Wells, el protagonista viaja hacia el porvenir y trae una flor marchita.

El último procedimiento, el de los dobles, abunda en ejemplos ilustres. Los cuentos de Poe, William Willson; una narración de James, The Jolly Corner, que presenta la sugestiva variante de referirse a un doble que habita no un tiempo real sino un tiempo posible.

Según Borges “Sueños y símbolos e imágenes atraviesan el día; un desorden de mundos imaginarios confluye sin cesar en el mundo; nuestra propia niñez es indescifrable como Persépolis o Uxmal”

 

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